Oda a la bota de Pamplona

20/12/2012

Bendita seas, oh, nueva compañera de aventuras, que nos abrigarás en los frescos tiempos que se avecinan bajo las estrellas.
¡Salve, oh, bota de Pamplona, a menos de una docena de días de tu debut!

Refugio Viejo


El "Refugio Viejo" del Tronador - Uno de nuestros objetivos del próximo verano - 



Descripción del recorrido (fuente: Club Andino Bariloche)

Mallín Chileno - Paso de los Vuriloches - Refugio Viejo del Tronador

Debido a que se debe cruzar el Río Manso pero que no existe puente alguno en la zona del vado empleado por los caballos, se usa una variante empalmando el sendero de acceso al Saltillo de las Nalcas con el valle de acceso al lugar que queremos ir.
Para esto se sigue el sendero para acceder al Saltillo que comienza desde Pampa Linda, siguiendo un trecho el camino vehicular que va hacia la base del Tronador y los Ventisqueros Negros (dirección sudoeste). Una vez caminados cerca de 400 metros desde la Hostería, otro camino se desvía hacia la izquierda conduciendo a un puente colgante para peatones que cruza el Río Manso, unos 200 metros mas allá. Luego de pasado el puente, el sendero continúa en dirección oeste un tramo y luego hacia el sur, contra el Cerro Emparedado, donde está el Saltillo de las Nalcas.
Este tramo es posible de realizar con bicicleta también.
Siguiendo el sendero al "Saltillo de las Nalcas" y a unos 300 metros antes de llegar al mismo, encontraremos un desvío a la derecha que conduce al refugio viejo- cerro Volcánico. Siguiendo este sendero por unos 20 minutos de marcha (2½ km) encontramos otro sendero que es el de los caballos que directamente vadean el Río Manso sin necesidad de realizar el desvío por el Saltillo que deben hacer los peatones a fin de cruzar el Río Manso. En este empalme doblamos a la izquierda. Este sendero conduce a: Paso Vuriloches - Mallín Chileno - Refugio Viejo y a: Lagunas Cauquenes - lag. La Rosada - Cerro Volcánico.
La escenografía de este lugar consiste en un denso bosque de "selva fría" compuesto por árboles de Coihues y tupido sotobosque de Cañas Colihues, acompañado por Ñirantales en algunas partes.


Luego de caminado un trecho se llega cerca de un estrechamiento del valle, donde se cruza el Arroyo Cauquenes y se sigue remontándolo por la derecha del cañadón. El sendero sigue subiendo en dirección oeste un buen trecho (unos 45 minutos de marcha desde el cruce del Arroyo Cauquenes), hasta que un desvío es presentado: El ramal izquierdo conduce a las Lagunas Cauquenes, Laguna La Rosada y Cerro Volcánico. El ramal de la derecha lleva al Mallín Chileno, Paso de los Vuriloches y Refugio Viejo.
Luego de caminar por 1½ a 2 horas siguiendo este sendero hacia el oeste, llegamos al "Paso de los Vuriloches" el cual es el límite internacional entre Argentina y Chile.
Tras un descenso de unos 20 minutos hacia el lado oeste del paso se llega al "Mallín Chileno", una bonita pradera mallinosa enclaustrada debajo de la ladera sur del Cerro Tronador.
Cruzando el mallín hacia el sudoeste en sentido casi longitudinal, siguiendo unas marcas consistentes en pedazos de palo clavados en el pasto, llegaremos a una península de bosque de Lengas, donde se encuentra el pequeño refugio de troncos de los carabineros chilenos.
Desde Pampa Linda a Mallín Chileno se tardan entre 3 a 5 horas de caminata.
Saliendo detrás del refugio de carabineros nace un sendero hacia el oeste. El sendero sigue subiendo dentro del bosque, remontando la pendiente para llegar, luego de unos 45 minutos desde el mallín, al límite de la vegetación. Siguiendo unos 10 minutos más se llega a un gran collado despejado desde donde se obtiene una vista espectacular de los picos del Tronador y del Glaciar Blanco.
Refugio "Viejo" del Tronador (Filo Sur, a 2200 mts/s/n/m.):
Tiempos:
- Desde Pampa Linda al refugio "viejo", de un tirón, se demora entre 4 hs (muy entrenados, sin peso excesivo) a 9 horas. Personas no entrenadas abstenerse.
- Desde el Refugio de los carabineros chilenos en el Mallín, se demora aproximadamente entre 2 ½ hs. a 4 hs. de marcha.
- Desde el Collado ancho y plano que comunica a la cuenca del Glaciar Blanco hay entre 1½ y 3 horas de marcha hasta el Refugio "Viejo".
Tomando, desde el collado, la dirección de marcha hacia las cumbres del Tronador subimos por un pedrero hasta que la pendiente aumenta mucho y aparece una opción por la ladera oeste del filo (izquierda) para travesear por la pendiente. Habiendo pasado primeramente un pedrero, el sendero cruza una gran pendiente mallinosa en una travesía ascendente en dirección al Tronador. Terminado el mallín se llega a una cuenca pedregosa donde baja un arroyo. Se atraviesa la cuenca continuando la línea ascendente de la travesía hasta llegar a la parte superior del filo, a la vista del comienzo del Glaciar.
Allí, en lo alto de un promontorio, último punto rocoso antes de entrar en la zona glaciar del Tronador, se encuentra el Refugio "viejo" del Tronador.
El Refugio "Viejo" fue construido en 1937 mediante una bóveda de piedras auto portante y cemento y pintura asfáltica como revestimiento externo. La bóveda tiene unos 3 metros de alto y las medidas aproximadas son 6 mts X 3 mts, lo justo para poder albergar unas 10 personas como máximo.
El Refugio "Viejo" fue, durante prácticamente cuarenta años, el polo de actividades andinísticas de la zona. Todas las excursiones guiadas por los glaciares y picos del Tronador hicieron uso de sus instalaciones.
Los "Antiguos", guías pioneros de la zona emplearon asiduamente estas instalaciones durante sus andanzas. Tal es así que fueron prestigiosos guías como Hemmi, Strukelj, Meiling, Weiskopf, Sonntag, Bertoncelj, etc, que mantuvieron vivo al refugio, a través del uso.
En el año 1971 fué construido el Refugio Otto Meiling, en la vertiente oriental del Tronador. El acceso más directo y corto, y la mayor capacidad del refugio hizo que el refugio "Viejo" Tronador cayera paulatinamente en desuso. En 1996 el Club Andino Bariloche restauró el revestimiento externo recubriéndolo de una estructura de hierro reticulado y chapas de cinc lo cual lo hizo habitable nuevamente ya que agujeros en la bóveda favorecían la formación de un bloque de hielo en el interior del refugio. La ventaja de este particular emplazamiento del refugio es que recibe la primer luz de la mañana y la última de la tarde.
El regreso es por el mismo camino.



Maravillosas palabras de un hombre llamado Raúl Llusá:

"La montaña representa para mí un entorno en el que puedo tomar absoluta conciencia de mi creaturidad. Percibo, con mis cinco sentidos, la hermandad real de todo mi ser con el entorno.
Y se establece entonces una relación celebrante entre ese entorno y mi espíritu. No voy a la montaña para hacer deporte. De hecho, quienes me conocen saben que de ninguna manera soy ni me considero un deportista. Tampoco voy atraído por lo desusado, lo original o lo distinto. 
Máxime cuando en los últimos años los deportes de montaña se han extendido masivamente, y hoy son cada vez más los que se acercan a los cerros para vivir esta experiencia inefable.
No voy para ser diferente. No me quiero diferenciar del resto por haber aprendido a disfrutar y conocer la montaña. Ni soy más, ni mejor, porque busque las cumbres, los neveros o los filos azotados por los cuarenta bramadores. No desarrollo esta actividad para decir "Yo llegué, otros no pueden". Además, yo mismo estoy impedido de llegar a muchos sitios a donde otros han llegado y llegan.

No voy para competir. La competencia constante, la continua autocomparación, tiene que ver más con una necesidad de afirmación adolescente que con la serena alegría de ser quien se es. Ni más, ni menos. No. No voy a la montaña por nada de eso.
Voy a la montaña porque la amo, porque en ella me siento viviendo en plenitud, con la sangre fluyendo violentamente en mis venas. En la montaña soy feliz, en la montaña -lo repito- me siento hermanado con el resto de las criaturas.
Si consigo alguna diferenciación, no es, ciertamente, por la performance deportiva. En todo caso lo que me diferencia es esta forma de percibir lo natural. Lo cual no me hace ni mejor ni mas sabio. Simplemente me permite disfrutar de manera intensa algunas sensaciones que otros no han descubierto, o que habiéndolas descubierto, no las han elegido para buscarlas y amarlas.
No creo que este deporte consista, por todo lo dicho, en aproximarnos a la montaña "utilizándola", convirtiéndola en un "medio útil" para conseguir un fin. Como el ya mocionado de sentirnos mejores que los demás, sea porque llegamos hasta lugares inaccesibles; porque soportamos dificultades especiales, o porque conocemos la manera de movernos en ambientes inhóspitos para el común de la gente.
Cualquiera que se sienta mejor, o más que otros, por esta circunstancia, debería recordar que todos somos "buenos" en algo. Y que cada quién tiene -y está llamado a ocupar- su lugar en el mundo. Y que si nosotros tenemos el mérito de haber descubierto las bondades de esta actividad, y somos razonablemente idóneos en ella, millones de otras personas se destacan en numerosas otras cosas, y aún más: seguramente habrá algunos miles de personas que sean mejores que nosotros incluso en el montañismo.
Por ello, intento siempre no instrumentalizar a la montaña mas de lo estrictamente necesario. En todo caso, es un instrumento para alcanzar en ella, y a través de ella, una profunda felicidad, causada directamente por ella. Soy feliz no por haber llegado hasta aquí, a donde pocos llegan, sino por haber llegado hasta aquí, hasta este lugar tan bello y particular. Las dificultades superadas me agregan alegría, por supuesto. Pero no está en ellas la fuente de la felicidad, sino en el hecho de poder disfrutar, en el mismo sitio, tantas maravillas.
Hay muchos que no entienden por qué amamos tanto el placer de estar en la montaña, tan emparentado con el sufrimiento físico de las trepadas, del clima, de las privaciones. Es, realmente, paradojal, ya que las mismas dificultades contribuyen en parte a nuestra alegría. Repito: no por mero espíritu de competencia, sino, en todo caso, por el vencimiento de nuestras propias debilidades, nuestros propios miedos, nuestras propias limitaciones. Trepando, crecemos. Ascendemos a nuestra plenitud (...) "

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Gracias Oscar. Gracias Ale.
A ellos, dedicados hasta el fin de los tiempos, cada uno de mis pasos.

pAbLo